¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad?… Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. – Miqueas 7:18-19.

La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro. – Romanos 6:23.

En su aldea Billy era conocido por su inclinación inmoderada hacia el alcohol. Cierto día oyó el Evangelio y recibió a Jesucristo como su Salvador personal. Ahora, liberado de la esclavitud del alcohol, no le avergüenza hablar de su felicidad a todo el mundo. Lee la Biblia como la carta que Dios envió a los hombres, y no deja de maravillarse.


Un día se enteró de que el océano puede alcanzar profundidades hasta de once mil metros. Entonces exclamó: –Es maravilloso, la Escritura dice que Dios echó todos mis pecados en lo profundo del mar. ¡Es, pues, evidente que jamás se podrá volverlos a hallar, ya que el océano es tan profundo!

Sí, Dios jamás se acordará de los pecados de quienes creyeron en el Señor Jesús, pues gracias a su obra en la cruz, son perdonados. Cuando acudimos a Jesús, a menudo experimentamos un gozo y una paz intensas.

Luego pasan los años y quizá nos dejamos invadir por las preocupaciones, e incluso volvemos a hablar de faltas antiguas ya confesadas. Recordemos siempre que Jesús llevó todo el peso de nuestra culpabilidad. No debemos andar cargados a causa de nuestros pecados.

Con una fe renovada, aceptemos el perdón de Dios. Entonces podremos exclamar con agradecimiento y gozo: “A ti (Dios mío) agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados” (Isaías 38:17).



DIOS LES BENDIGA!


Sindy Cándido.

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