Stephen, un niño africano que fue abandonado por su madre y maltratado por sus familiares, se crió en la calle. Después de un fallido intento de suicidio ingresó en una organización terrorista.
Se le enseñó a odiar, a manejar las armas, y se le confió la misión de sembrar el terror en la población civil. La ocasión se le presentó cuando una misión cristiana organizó unas reuniones. El propósito de Stephen era lanzar algunas granadas al público.
Para ello se mezcló entre la gente. El predicador habló con convicción sobre el tema del pecado, señalando con el dedo al auditorio. Atónito, Stephen creyó que se refería a él. ¿Cómo conocía su vida? Luego el predicador habló de la gracia de Dios, de su poder para transformar la vida.

Stephen estaba tan impactado que olvidó su misión de sembrar el pánico. Se acercó al predicador y le contó su vida. Éste le leyó una promesa de la Biblia: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá” (Salmo 27:10). Stephen comprendió que el amor de Dios podía cambiar su vida.

«Por primera vez en mi vida me arrodillé para acercarme a Dios –dijo él. Por fin había comprendido que Dios me amaba y me esperaba... Clamé: ¡Dios, no sé nada ni soy nadie…! Mis padres no quieren saber nada de mí. Tómame… Me arrepiento del mal que hice. Jesús, perdóname... Inmediatamente tuve la impresión de ser librado de un gran peso. El alivio que me aportaba la paz inundó mi alma.

(Dios dice:) ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz…? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
Isaías 49:15


Yo buscaré la (oveja) pérdida, y haré volver al redil la descarriada.
Ezequiel 34:16

Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.
1 Timoteo 1:15

Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.
1 Pedro 2:24

DIOS LES BENDIGA!

Sindy Cándido.
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